01 — El punto de partida
Por qué fuera suena distinto
En una sala, el sonido que llega al público es la suma de dos cosas: lo que sale directo de la caja y lo que rebota en paredes, techo y suelo. Ese segundo componente hace mucho trabajo gratis. Rellena el fondo de la sala, da sensación de cuerpo y permite que un equipo modesto parezca suficiente. Al aire libre ese regalo no existe: solo tienes el sonido directo, y el sonido directo se comporta según una regla implacable.
Cada vez que doblas la distancia a la caja, el nivel cae unos 6 dB. Si a diez metros del escenario tienes un nivel cómodo, a veinte metros has perdido la mitad de la sensación de volumen y a cuarenta metros estás en otro evento. En una sala esa caída es mucho menor porque la reverberación sostiene el nivel en el fondo. Fuera, el fondo se queda sin nada. Por eso el error clásico —poner dos cajas en un extremo del jardín y confiar— produce siempre el mismo resultado: los que están delante se van porque suena demasiado alto, y los que están detrás no oyen.
Lo que se pierde
Las reflexiones, la envolvente y la contención del nivel. Sin paredes no hay refuerzo gratuito y no hay nada que impida que el sonido siga viajando kilómetro y medio hacia la casa del vecino.
Lo que se gana
Inteligibilidad. Sin reverberación, la palabra se entiende mucho mejor que en un patio de piedra cerrado, y el riesgo de realimentación con micrófonos abiertos baja de forma notable.
A eso se suman tres fenómenos que dentro no aparecen. El primero es la absorción del aire: la humedad y la distancia se comen las frecuencias altas, así que a treinta o cuarenta metros el sonido llega apagado aunque tenga nivel. Se compensa con un poco de brillo extra en las cajas lejanas, no subiendo el volumen general. El segundo es el viento, que no solo mete ruido en los micrófonos: como sopla más rápido en altura que a ras de suelo, curva el frente de onda. A favor del viento el sonido llega más lejos de lo previsto; en contra, se levanta por encima de las cabezas del público y desaparece.
El tercero es el que más problemas da y casi nadie tiene en cuenta: la inversión térmica nocturna. De día el suelo está caliente y el aire de arriba más frío, y el sonido tiende a curvarse hacia arriba. De madrugada ocurre lo contrario —el suelo se enfría antes que el aire— y el sonido se refracta hacia abajo, rebota contra el terreno y viaja mucho más lejos. Es el motivo físico de que el mismo nivel que a las diez de la noche no molestaba a nadie, a las dos de la mañana se oiga en un pueblo entero.
Tip Mallorca
El suelo importa más de lo que parece. Un patio de marés o una explanada de albero reflejan y ayudan; un jardín de césped alto y un olivar con tierra suelta absorben una barbaridad, sobre todo en las frecuencias medias donde vive la voz. La misma configuración que en una era empedrada suena sobrada, en un olivar del Pla se queda corta. Cuando hacemos visita técnica, la superficie del suelo se anota igual que la potencia disponible.
Cada tipo de espacio de la isla tiene su propio comportamiento: lo desglosamos venue a venue en la guía de lugares para eventos en Mallorca.